Los antiguos papas cuentan con todo un oscuro historial donde la fe parecía quedar en un segundo plano. Algunos conspiraban contra monarcas u otros feligreses, mientras que otros simplemente hacían caso omiso a las escrituras. Un ejemplo de ello fue el pontífice Paulo II, o Pablo II.

Para entender a este singular hombre, nacido en el año 1417, cabe señalar que su intención no era liderar la Iglesia. Se estaba formando como mercader hasta que fue testigo de cómo su tío era proclamado papa. En este sentido, Pietro Barbo -su nombre real-, decidió seguir los pasos de su pariente.

Gracias a que era sobrino de Eugenio IV ascendió meteóricamente hasta convertirse en cardenal a la temprana edad de los 23. Finalmente, logró su tan ansiado puesto en 1464. Como nuevo papa, realizó una serie de reformas que generaron una gran polémica en Roma. “La afición del nuevo papa por la belleza material y las grandes fiestas quedó clara cuando introdujo en Roma la celebración del Carnaval, una fiesta excesivamente pagana para la correcta moral del cristianismo oficial”, escribe Ramón Martínez, autor del libro “Maricones de antaño”.

El papa llamaba la atención allá donde acudía. Quiso adquirir el nombre de Formoso II -“hermoso” en latín- aunque lograron convencerle de que no lo hiciera. No obstante, los rumores de los vicios del recién nombrado Paulo II recorrieron toda Roma.

El humanista y escritor Platina fue uno de los intelectuales que dejó constancia de su vida lujuriosa como pontífice. Y es que según las malas lenguas, organizaba todo tipo de fiestas a las que acudían jóvenes desnudos que satisfacían sexualmente a Paulo II.

En estas interminables orgías, al papa le gustaba ser atado para que lo maltrataran: disfrutaba con el daño físico. Posteriormente, los jóvenes recibían regalos si habían demostrado “una especial pericia en esas actividades”. Se dice que tuvo hasta 400 amantes que participaban en estos actos a lo largo de su vida como papa.

Su perversión sexual no se limitaba a aquellas fiestas. Al pontífice le excitaba observar cómo jóvenes desnudos eran torturados. La sola contemplación de aquello le daba un placer inimaginable.

El 26 de julio de 1471, a la edad de 53 años, Paulo II falleció y junto a él desaparecieron las fiestas juveniles que tanto escandalizaban a Roma. La versión oficial afirma que el Papa murió a causa de una indigestión provocada por un melón en mal estado. No obstante, todavía existe una anécdota más: “El rumor sostiene que Pablo II murió de un ataque al corazón mientras era sodomizado por un mozo de caballerías”. Unas habladurías que es posible que aireasen con intenciones espurias sus enemigos en la corte vaticana.